
¿Edición por algoritmo?
La idea de que una máquina edite videos, textos o cualquier contenido ya no es cosa de ciencia ficción. La inteligencia artificial está tomando un rol cada vez más grande en este proceso, y eso nos hace preguntarnos: ¿qué pasa con la historia original cuando un algoritmo decide qué se queda y qué se va?
Claro, nos venden la eficiencia y la personalización, pero en el fondo, ¿no estaremos perdiendo algo importante? Nos da vueltas la cabeza la misma pregunta: ¿quién cuenta la historia de verdad cuando el algoritmo tiene la última palabra?
Cuando la tecnología reescribe la realidad
Pensemos en plataformas como TikTok, YouTube o Netflix. Todas usan la IA para decidir lo que vemos. En TikTok y YouTube, los algoritmos arman nuestros feeds, crean resúmenes automáticos o cortan los mejores momentos de videos largos. Netflix, por su parte, usa la IA para hacer tráilers personalizados para cada persona o incluso para sugerir en qué minuto de un show empezar a ver.
Esto significa que el contenido que ves puede ser distinto al que ve tu amigo. Es una versión optimizada para ti. No es solo una simple recomendación, es una reescritura personalizada de la historia. Ya no somos espectadores pasivos; somos parte de un experimento masivo hecho por algoritmos.
La diferencia entre un editor humano y un algoritmo
Aquí está la clave: un editor humano no solo corta y pega. Siente la historia, entiende el ritmo, juega con las pausas, maneja la tensión y busca generar emociones. La edición humana es un acto de empatía.
Un algoritmo, no importa lo avanzado que sea, trabaja con datos fríos: cuántos segundos miraste algo, dónde hay un pico de sonido o si hay caras en la pantalla. Puede identificar lo que supuestamente «funciona» para mantener a la gente enganchada, pero no entiende la sutileza de una pausa dramática o la ironía de un corte. La máquina ve números, el humano ve almas.

Narrativas Algorítmicas
La irrupción de la inteligencia artificial en la edición introduce un conflicto fundamental: los algoritmos están diseñados para optimizar el engagement (retención, clics, tiempo de visualización), no necesariamente para respetar la visión artística del creador. Esto tiene profundas implicaciones para la industria audiovisual y la naturaleza misma del storytelling. Estamos presenciando una guerra silenciosa: la guerra entre la visión del artista y la tiranía de la métrica. ¿Quién ganará? La respuesta, tememos, está ya escrita en el código.
El conflicto entre storytelling artístico y optimización por retención o métricas es central. Un director puede querer una escena larga y contemplativa para construir una atmósfera, pero un algoritmo podría identificar que los usuarios tienden a saltar esas partes y sugerir un corte más rápido. Un editor humano podría usar un jump cut disruptivo para crear un efecto estilístico, mientras que un algoritmo lo vería como una «imperfección» a corregir. La IA busca la eficiencia del consumo, la predictibilidad del comportamiento del usuario. El arte, en cambio, a menudo busca la sorpresa, la reflexión o incluso la incomodidad para provocar una respuesta emocional. Es la diferencia entre una obra que te interpela y un producto que te retiene. La máquina nos da lo que queremos, pero no lo que necesitamos para crecer.
Un ejemplo de esto es la edición predictiva: algunas plataformas ya están testeando múltiples versiones editadas por IA de un mismo contenido (ej., diferentes trailers, intros de series, o incluso segmentos de videos) para ver cuál genera mayor engagement. La versión que «gana» en métricas es la que se muestra a la mayoría de los usuarios. Esto significa que la «obra» no es estática, sino que es un ente fluido y adaptable, constantemente optimizado por el comportamiento del público. La obra de arte deja de ser una declaración para convertirse en una variable en una ecuación de consumo. ¿Dónde queda el autor cuando la obra es un ente mutante adaptado por el mercado?
Esto nos lleva a la incómoda pregunta: ¿Estamos editando para humanos o para satisfacer sistemas de recomendación? Si el objetivo final es que el algoritmo «apruebe» nuestro contenido para que se muestre a más personas, ¿no corremos el riesgo de homogeneizar las narrativas, de caer en fórmulas probadas que garantizan el engagement a expensas de la originalidad o la audacia creativa? El peligro es que los creadores comiencen a «editar para la máquina«, priorizando las métricas sobre la expresión artística. La autocensura en nombre de la viralidad.
Para los que se dedican a esto, la cuestión es aún más grande: ¿qué pasa con la autoría y el estilo del creador? ¿El director o el editor pierden su «voz» cuando el algoritmo se convierte en el narrador final? Este es un verdadero desafío para la creatividad en la era digital. Al final del día, es como si el arte estuviera siendo colonizado por el capital algorítmico, donde el control se disfraza de «personalización».
Al final, recuerda que hay más información en el canal de Youtube https://www.youtube.com/channel/UCJs9xLwkYU_tDjXYNVhrhrw